Mourinho-Toril, desencuentro con intrahistoria
Publicado: 31 octubre, 2012 Archivado en: La Liga | Tags: Liga, Mourinho, Real Madrid, Segunda División, Toril 3 Comentarios »
Alberto Toril expresó su disconformidad con Mourinho a la Dirección de Fútbol del club ayer, en una reunión en el Santiago Bernabéu en la que estuvo Miguel Pardeza
Quién les iba a decir a Arbeloa, Coentrão y Marcelo que sus dolencias tras los últimos compromisos con sus países iba a poner de relieve un conflicto a pequeña escala entre el entrenador del primer equipo, José Mourinho, y el del filial, Alberto Toril, a causa del desarrollo y usufructo de la cantera blanca. La ausencia de los laterales titulares para el partido en casa ante el Celta la resolvió el portugués adjudicando a Essien el flanco zurdo –algo que dejó caer en la rueda de prensa previa, cuando dijo que había jugadores poco menos que obligados a adaptarse a esta posición, y dando a entender, por ende, que no iba a ceder esa responsabilidad a ningún canterano, como se había especulado los días previos. Aquel partido se ganó fácil pero apenas unos días después el Dortmund retrató al ghanés en esa posición y Mourinho empezó a coleccionar críticas, de las gratuitas, por su teórica terquedad: de ahí que en la previa ante el Mallorca, molesto y de nuevo puesto en duda por su insistencia en Essien, valorara en alto y en público por primera vez lo que opina de la gestión que en particular Toril está haciendo con Nacho Fernández, en el club desde los 11 años, defendiendo que “en el tramo final de su educación deportiva” existían “contradicciones”, aludiendo además al trastorno que al jugador puede generarle desempeñar una demarcación diferente en el filial respecto a las veces que aparezca con el primer equipo. Esta interpelación, que los medios interpretaron, como es usual, como un ‘dardo’, un ‘recado’, una ‘pulla’ y demás comodines, hacia Toril, la contestó el propio técnico del filial, sin entrar a matar, reponiendo que Mourinho tiene “una opinión muy respetable” y que “al fin y al cabo está por encima de nosotros, y procuraremos ayudarle”.
El incendio no habría sido tal de no ser porque en algunos medios no fueron estas declaraciones las que ilustraron la rueda de prensa, sino otras muy diferentes, también propias del momento de Mourinho frente al micrófono, y que relativizan el contexto: en ellas, el luso se refirió a Nacho (y su posible rol en el primer equipo) como “un problema”, a lo que Toril contestó lo contrario, apuntillando que podía “jugar en cualquier posición”, definición que cuadra también con el perfil del jugador en la página oficial del Real Madrid. Una vez dispuestas por estos medios las fichas para arrancar una nueva campaña en la que a Mourinho se le volvía a presuponer el atacante e incómodo compañero déspota, apareció Pardeza, miembro como director deportivo de la Dirección de Fútbol del club, para poner el paño caliente sobre la razón del entrenador del primer equipo: “Considera que la evolución natural de Nacho es jugar de lateral, que es lo mejor para que llegue a la élite, y así se lo ha transmitido a Toril: lo importante, al tratarse del primer equipo, es su opinión”. Y esta declaración, inocente y hasta cabal en cualquier otro momento, de Miguel, terminó por herir al técnico del Castilla, quien se presentaría ayer en el Santiago Bernabéu para transmitir su descontento a la Dirección de Fútbol, en una reunión donde además de Pardeza, estaban presentes Ramón Martínez, Paco de Gracia y José Ángel Sánchez. En ella, Toril se autoproclamó una víctima de Mourinho, criticó que el portugués se entrometiera en su manera de llevar al Castilla y llegó a decir que no se encontraba para nada a gusto con el luso por encima, presionándole y aconsejándole sobre su trabajo. Una vez calmado, a Toril, que renovó hace poco hasta 2015 por el club, se le transmitió la idea base de que su misión era ayudar al primer equipo formando a los jugadores para que en el momento de dar el salto para ayudar, se adaptaran rápido y no acusaran los problemas propios de un futbolista joven que se readapta a una posición distinta o a un estilo de juego alternativo.
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Mourinho y el periodismo del insulto
Publicado: 22 septiembre, 2012 Archivado en: La Liga | Tags: Mourinho, Periodismo deportivo 29 Comentarios »
Una de las cosas que, en círculos cerrados, he desechado siempre del periodismo es que lo más revelador, lo más escabroso, rara vez se publica y se pone al alcance del receptor para que juzgue; y si se hace, es siempre bajo un dictado todavía más gráfico de una forma superior, no tanto en jerarquía como en acceso a los pomos de las puertas que durante la vida pueden abrírsele o no a un profesional. Partiendo de este hecho, conocido por todos los que conviven con la profesión aunque por razones razonablemente lógicas difícilmente reconocido, por lo mismo que apenas unas palabras atrás comentaba, apremia el cuestionarse hasta qué punto el periodismo, y muy en particular el deportivo (que por desgracia fagocita, por tamaño, fuerza y presencia, cualquier otra especialidad del mismo al menos aquí en España, país del corral de comedias y descansillo) se entregue no ya a la verdad, sino al mínimo exigible de la neutralidad. Sobre todo ahora que, ya unas décadas después de todo, hemos entendido y figurado de mil maneras que la objetividad es un buen lema pero un mal recurso, en tanto que lo objetivo encarna probablemente el estado más mentiroso de lo subjetivo. Periodismo deportivo neutral: y he aquí que a uno se le levantan los pelos del brazo como cuando recuerda alguna canción de la infancia, los alaridos de un herido en la carretera tras un accidente o la irregular respiración de nada en una habitación a oscuras, de madrugada. No entiende la empresa, y menos aún quienes las manejan, de rigor y de reproducción automática de contenidos. En distinguirse está el valor añadido, de ahí que para distinguirse, hayamos comulgado con interpretar, interpelar, dorar en sensacionalismo cada primera intención, y, sobre todo, dejar que información y opinión se maten a bocados en un callejón sin salida. Es rentable, y fascina, que la gente dé la nota.
Durante los últimos tres años, el periodismo deportivo en España ha entendido mucho de dar la nota. Santiago Segurola, un amable y fino literato, durante mucho tiempo admirado, y no sin razón, por su subjetividad (pluma al servicio de la interpretación, en crónicas, artículos y columnas; un mal necesario, y edificante), jugó a los médicos y, radiografía en mano, detectó rápido el problema, eso sí, fuera de España. Habló en La Gazzetta, y así como quien susurra indecoro a su novia en un vagón de metro, sentenció: “Mourinho es el principal factor de transformación del fútbol español en un lodazal1”. Tal atrevimiento, alejado de las fronteras, encontró eco enseguida en ese avispero que es la red, pues de las múltiples responsabilidades que podrían exigírseles a Mourinho acerca de tantos temas como a casi cualquier otro profesional, médico, empresario o periodista, cabría descartar el de atraer los medios hacia sí mismo. Porque Mourinho no va a la montaña, pero la llama, y la montaña va a él, aunque tenga que arrastrar con ella a toda su flora y fauna: merecerá la pena atenderle. No, decididamente no es culpa, no por supuesto únicamente como diagnosticó Segurola, haberse convertido en objeto casi insustituible de ficciones, opiniones y confidenciales: antes hablaba del carácter empresarial de los medios. La ecuación la resolvería incluso una oveja mascando a dos carrillos, entre balido y balido. Mourinho vende. Mourinho atrae. Mourinho es la diana. A por él. Los primeros en arrancar la guerra, dicen que por razones de despacho, fueron los medios y periodistas afines a Prisa, con nombres y apellidos, alineados con el ente inidentificable referido al comienzo; la suerte, la moral, la justicia. A los relatos bélicos de Diego Torres2, y los aplausos sordos a su alrededor de quienes bajo su mando aspiran a escribir como él (bien), se unía el tañido de los lemas en otros medios. Y como funciona, vende y genera ruido, el resto han ido detrás.
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Párala otra vez, Iker
Publicado: 6 septiembre, 2012 Archivado en: La Liga | Tags: Champions League, Eurocopa 2012, Iker Casillas, Real Madrid Deja un comentario »
“Si mis críticos me vieran caminar sobre el Támesis, dirían que es porque no sé nadar”, Margaret Thatcher
Hay algo, más allá de lo obvio, que estrecha las carreras del búlgaro Dimitar Berbatov y el portugués Joao Moutinho: los dos chocaron en momentos clave de sus rumbos, con una década de diferencia, contra una leyenda en vida del fútbol mundial, entrenada y preparada para frenar cualquier intento de alegría natural (la que patrocinan los aciertos), que además ha recordado a la débil y cómoda conciencia del aficionado que el espectáculo va mucho más allá del marcador, y que en el fútbol por suerte hay más de una salsa, la de los goles, en la que mojar. Cuando Iker Casillas tuvo que saltar al verde de Hampden Park el 15 de mayo de 2002 ante el Leverkusen por el dolor de su compañero y némesis César Sánchez (por poco no en activo todavía), estaba a cinco días de cumplir los 21, edad a la que lo habitual es soñar, cuando él ya tenía el canto de la mano hecho callo de firmar autógrafos. Berbatov nacido cinco meses antes, ya tenía esos 21, e igualmente se encontró con la circunstancia de un remero caído por el que entró en calor antes de tiempo, dando el relevo menos dulce. Agonizaba el partido en Escocia, y Berbatov tuvo dos, tras sendos saques de esquinas casi consecutivos y desde ambos flancos: Iker las sacó. Dos paradas por las que parece no pasa el tiempo, pero sí. Aquel fue el año como profesional que menos jugó, y eso que llegó a los 40 partidos entre todas las competiciones.
Diez años después, el 27 de junio de 2012, el portero también fue decisivo, circunstancia que nunca le pareció pesar. Fue en otro escenario, con la selección, pero también en el marco europeo una vez había conquistado dos años antes el Mundial, y de pasada, ya más atrás en el recuerdo, otra Eurocopa. Valores increíbles para cualquier futbolista de la historia que él y unos cuantos más han repetido como quien desmenuza pan duro. En esta ocasión, el especialista Xabi Alonso se había regalado un fallo demencial desde los once metros en la tanda de penaltis; y a la réplica lusa avanzaba Moutinho, que este verano ha costado al comprador enamorado tanto o más como en su día Berbatov al United de Ferguson. Dio varios pasos pintureros y erró el lanzamiento, porque Casillas lo adivinó. Esa cualidad majestuosa del mostoleño de revertir el curso lógico de las cosas y hacer celebrar errores ajenos, aunque haya más de acierto propio en esas citas, es quizás lo que le ha hecho pasar inadvertido entre las letras y los reconocimientos. No está bien vista la figura de quien detiene, y tan bien, el artificio formal del fútbol, de quien corta esa salsa de los goles. Nunca puede ser premiado quien trabaja para que los demás no celebren, aunque sea a favor de que lo hagan los suyos. Sería incoherente para con el sentido del espectáculo, aunque no así del deporte. Cuando Casillas sacó aquellas dos pelotas a Berbatov en 2002, Moutinho tenía 15 años, y llevaba año y medio tan solo en el hoy club de sus amores, el Sporting de Portugal. O de Lisboa, según lo pedante.
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La virtud en el vicio de Muniain
Publicado: 10 agosto, 2012 Archivado en: La Liga, Selección Española | Tags: Athletic Club, Iker Muniain, Juegos Olímpicos, Selección española Deja un comentario »
Pegado a la siniestra, amenazaba con centrar su peligro e implicar en su defensa a más hombres que abejas saltan a perder la vida para defender el hogar y su vianda en bruto. Con el único apoyo de su edad para llevarla cerca del pie, y animado por gritos desde todas partes (campo, banquillo, grada), el hirsuto y enconado chico centella, de paso con los mayores y nunca fuera del círculo de los mínimos competitivos, alternaba faenas de aplauso, durante su jornal, con escapadas de ocio propias a su línea vital y ajenas al sacabocado del personaje público que, por definición, es un futbolista en España. No tardaron, como corresponde al hambruna editorial adoquinada a la estrategia de comunicación cómoda, en ponerle un cojín sobre la silla para que empezara a ver el mundo desde la azotea de precios, novias, valores y significantes. Porque a Muniain no se le podía perder como futbolista, pero mucho menos como jugador, ese alter ego de cada uno de los que el público llama enseguida a ser grandes, o medianos en el menos reconocido de los casos. Podía regatear bien y afilar la admiración en la banda, con recorte hacia dentro y una diabólica capacidad de poner nerviosos a todos, propios y ajenos, sobre su definición y su respuesta. Era todo peligro, y ni tenía los 18. Un valor demasiado propio como para sacar la calculadora y pensar en el pan para hoy antes que en la potencial rentabilidad del mañana, con él a tu lado, arrimando el hombro y sacando del fuego las castañas llovidas desde la defensa.
Muniain creció como crece la mayoría de chavales de barrio reclutados por el fútbol y no para él: con la pelota. Y con la pelota quiere irse, tanto que incluso cuentan que la llevaba al baño de pequeño, antes de salir de casa y dejar el barrio, este que mostraba orgulloso antes de que le filtraran una recomendación. Cuida tu imagen, chico, porque ya no eres el niño que zigzaguea entre bancos e incívicas cagadas de perro, eres una palpitante esperanza del fútbol español, aquel que por suerte o por desgracia (sentimentalmente, lo primero; formalmente, lo segundo) es ahora referencia, como síntoma y como signo, tanto si sale bien como si no. Aunque este año 2012 el Athletic, despacho en el que escribe Muniain sus renglones torcidos pero naturales y libres, vaya a cumplir 114 inviernos, muchos han disimulado que lo conocían hasta que arribó el perfecto perdedor Marcelo Bielsa, que intenta, trabaja y genera simpatía por, según cuentan, ser insoportablemente extraño. Con la explosión del equipo y la subida de la marea, muchas de sus figuras quedaron encalladas en la orilla. Dos de ellos ya dieron la voz de socorro y quizás la afición no se lo perdone jamás, porque es inherente la leal memoria a aquel que siente el fútbol como una orden limpia y fuera del carril de la concupiscencia, y ahora más que nunca la gente espera que ese niño prodigio que suma cinco veranos sonando y generando comparativas fláccidas y por inercia haga un gesto para casa y llame al orden, pese a la losa de la edad y a los gritos de los que no quieren entender, que por ella le prejuzgan.
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Racing, penúltimo latido en el desierto
Publicado: 11 mayo, 2012 Archivado en: La Liga | Tags: Liga, Racing de Santander Deja un comentario »
El 13 de abril de 2012, viernes, la atención de los medios deportivos españoles sólo entendía de un nombre y medio. Guardiola hablaba en una rueda de prensa, Karanka lo hacía en otra. El recreo mediático no entendió de mucho más aquel día; las previas a los partidos se visten desde hace dos años de un color genuino, el de la exposición a las cámaras y las conexiones en directo, con apasionados apuntadores implorando no perder un ripio que dé consistencia a alguna historia banal, alejada, rocambolesca, algún tipo de párrafo de ficción que poder firmar para limpiar una conciencia con el yugo de la represión laboral ceñido, sin ahogar, en torno al cuello. Hablaron Guardiola y Karanka y tampoco pasó demasiado, pésima noticia para el amarillo. Uno dijo que querría alargar la competición, otro que Mourinho tal vez volvería a hablar algún día. Era suficiente, ya habíamos oído lo que queríamos. Estajanovismo reverencial y la ética de la superación por una parte, y la constante, consciente y sana servidumbre laboral por la otra, sin mayor gloria ni mayor reporte para dos partidos que se resolvieron, con más o menos incertidumbre, a favor de los inoportunos gloriosos contra Sporting y Levante, simpáticas rémoras del flujo informativo diario en su escala más reconocible, con apenas dos horas de diferencia. Aquel viernes 13, caramelo inagotable de los chistes y el recuerdo siempre nostálgico del cine de terror, parecía terminar ahí, en vender dos partidos pseudo-intrascendentales con el cartel reflectante de una liga amortiguada por la inmensidad de dos proyectos, irrebatibles, que lo pueden todo, incluyendo una autoconfirmación que se sale del paralelismo expuesto por Jorge Bucay.
No fue, en cambio, un viernes cualquiera en otro rincón del país. Aunque a veces se pierden sus identidades en la espesura, en la liga española juegan otros 18 equipos cada fin de semana, y uno de ellos aquel día sufrió un fuerte golpe en el pecho. Mientras seguían los ecos sobre las palabras huecas de Guardiola y Karanka, un entrenador de Primera división pasaba la noche en el hospital, por precaución, tras sufrir una taquicardia fruto, en primer lugar, de la delicada situación de su equipo, también instruida en la tragedia familiar que le había golpeado apenas un mes antes. Álvaro Cervera, técnico del Racing, fue a entrenar aquel viernes a La Albericia pero no lo hizo, porque sintió que su equipo agonizaba deportivamente y que él, que había perdido a su padre justo tras debutar como entrenador del equipo ante el Barça precisamente, no iba a poder hacer gran cosa por evitar que todo el engrudo innombrable que por desgracia envuelve a la institución terminara engullendo al valedor consorte del dorado Pacto de Llanes, leyenda norteña. El Racing rodaba ladera abajo y Cervera, que hizo detenerse varias veces al autobús de su anterior equipo, el Recreativo de Huelva, para negociar en condiciones su contrato con los santanderinos (donde rindió en su etapa de juador), ni pudo ni supo ni alcanzó a reaccionar.
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